En aquellos remotos tiempos, los aborígenes que ocupaban las verdes praderas cercanas a las sierras de la "Piedra Viva" (piedra Movediza) no tenían más enemigos que algunas tribus guerreras que solían llegar de tierras más cálidas. Pero esto ocurría tras largos períodos de tranquilidad.

Por otra parte, de tiempo en tiempo, en un increíble vehículo de luces, bajaban del cielo unos curiosos y arrogantes viajeros. Como no causaban daño y, por lo contrario, parecían proteger a los Pampas, éstos los consideraban seres superiores, especie de semidioses, y amigos. 

En cada llegada, los viajeros requerían la colaboración de "NAINCU" (águila), la hechicera de la tribu, para recoger buena cantidad de hojas de "cayupa", una plantita rastrera, que no abundaba pero que servía a los forasteros para algún menester no revelado.
No fue, entonces, casual que la hechicera "NAINCU" hubiera almacenado en su choza una respetable cantidad de la buscada hierba. Un plan tenía...


Porque Moraida, la bella hija de la hechicera, andaba en amores con "NECOLOCHE" (hombre rápido y veloz), hijo mayor y heredero del cacique. Y el proyecto de la bruja era conectar el casamiento. Para bien de su hija y .. de sus planes de poder.

Una sombra se cernía sobre la tranquilidad de que los ranqueles rondaban, cada vez más cerca de sus bélicas correrías, alzándose como cuanto les resultara de valor.

El temor ya cundía en los azorados pampas. Pero a igual que en otros momentos se apareció un "carro del espacio". Los visitantes iniciaron a los tranquilos lugareños a ejercitar sus armas y sus recursos defensivos. Mas éstos consideraban que todo sería inútil para oponerse a aquellos avezados y crueles guerreros.

A todo esto, los viajeros del espacio, desesperados por no conseguir un brizna de la buscada hierba, localizaron a la hechicera que había permanecido recogida en su extraña choza. Ante el interés de los visitantes, la bruja concertó con ellos un curioso pacto: ella llevaría hasta el "carro volador" un buen fardo de "cayupa", antes de la media noche. Pero los forasteros, con sus misteriosos recursos, deberían a su vez ayudarla a realizar algo concreto en favor de la seguridad del pueblo pampa y que a su vez sirviese para impactar al viejo cacique acerca de sus mágicos y renovados poderes. 

Una entrevista de "NAINCU" con el preocupado cacique concluyó con otro pacto: si ella, con los nuevos poderes que decía haber desarrollado conseguía levantar una nueva muralla u otro medio de protección para sus dominios y su gente, como prueba de la renovada confianza del jefe, podría ver a su bella hija, "MORAIDA", desposada muy pronto con el heredero.

Media noche. El "CARRO DEL CIELO" encendió sus poderosas luces, y pronto surcó el firmamento, como una estrella fugaz.
"NAINCU" quedó preocupada. Los viajeros del espacio, una vez recibida la "CAYUPA" no dieron muestras de cumplir su promesa.
  Ni murallas, ni foso, ni barranco alguno que pudiera protegerlos de la ambición y rapiña de otras tribus guerreras...

Se durmió, al fin la bruja. Y por la madrugada, fue despertada por el alboroto de la chusma. todos reían y la agasajaban. Al salir de la choza vio que uno de los cerros cercanos, hacia el poniente, había cambiado su forma por la de un inmenso león agazapado, mientras en otro sector de la ladera delimitaba claramente la silueta de un segundo león, en descanso también, pero tan vigilante como el primero...

Se consideró- y así fue por mucho tiempo- como una segura protección la presencia de esos gigantescos leones que, aunque de piedra, atemorizaban a la distancia a los posibles invasores. El caso es que por años y años no hubo enemigos que se atrevieran a desafiar a aquellos impresionantes guardianes.

En su oportunidad, "NECOLCHE" desposó a la encantadora "MORAIDA" , tocándole gobernar la tribu en momento de plácida felicidad. Los viajeros celestes no llegaban casi nunca, señal que las cosas marchaban bien en el valle. Era evidente que habían cumplido la promesa hecha a "NAINCU" de asegurar una prolongada época de tranquilidad.

  Cuando los blancos, finalmente invadieron la zona -desde el naciente- y fundaron la hoy ciudad de Tandil, aquel promontorio de granito no necesitó ser bautizado: se lo nombró siempre por el CERRO DE LOS LEONES...

Un día se estableció allí una importante cantera. Desde Tandil se trazó un ramal ferroviario y nació un pintoresco pueblito: CERRO LEONES, cuna de destacados valores del deporte y la música popular, etc..
Hasta no hace muchos años, cuando los barrios aledaños a Tandil eran aún, verdes lomas y praderas, podía observarse hacia el N.O el gran león sentado, que originara esta leyenda y diera definitivo nombre al paraje. 
(Poco a poco, la incesante extracción de granito y la explotación de los barrenos, hicieron cambiar la fisonomía del cerro, hoy a punto de desaparecer totalmente...).