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Los de Hernandarias fueron los primeros cristianos que se extasiaron en asombro ante la presencia de la piedra danzante. Hasta ellos llegó la fábula que decía que..
En tiempos remotos, el sol y la luna fueron esposos gigantes, creadores de la pampa, luego de que sembraron de pastos y flores la sábana, que hicieron brotar en las lagunas y crearon los animales y los hombres, y retornaron al cielo, de dónde habían bajado. Como prenda de alianza con sus hijos, el sol siguió enviándole su luz de día, y la luna derramando la suya de noche.

Así pasaron años, siglos, eras, hasta que una mañana, los hombres notaron algo anormal en el sol, le vieron palidecer, casi extinguirse. Era que un puma -León de la pampa- gigantesco y aludo, le acosaba por la intensidad de los cielos, y había hecho presa de él. Con esto se reunieron los más hábiles guerreros y decidieron atacar a el puma con sus flechas. Una de ellas dio en el blanco, traspasando al puma, que cayó a la tierra con el vientre atravesado y la flecha saliéndole por el espinazo. El monstruo, en su agonía lanzaba tan terribles rugidos, que ninguno se acercaba para rematarlo. El sol, entre tanto, había recuperado su apariencia risueña, y regalaba a sus hijos con su mayor luz, y a la hora de costumbre se ocultó. Salió la luna y como vio con vida al puma, le fue tirando piedras hasta ultimarlo, tantas en numero que se amontonaron hasta formar una sierra.. La sierra de Tandil. La última piedra cayó sobre la flecha y en ella quedó clavada, tal como los conquistadores la tenían ante la vista -La Movediza-, pero el puma, aunque enterrado no estaba muerto. Al apuntar los primeros rayos de la aurora se estremecía de rabia, se movía como si quisiera atacar de nuevo al sol, y hacía oscilar la piedra que coronaba la flecha, siguiendo la dirección del astro, motivo de su vaivén eterno.

El simbolismo del felino y el sol, o del felino y la luna, adquiere un claro significado frente a las creencias de los indígenas, de que los eclipses solares, o lunares ocurren porque el tigre, divinidad alada, hace presa de uno u otro astro y lo come. El sol y la luna vuelven a resplandecer como signo de que la fiera no pudo devorarlos.
Esta fábula fue recogida por Hernandarías de boca de los pampas, al pie de la Piedra Movediza..